Capítulo 48 — La foto de la señora Greco
No fueron al dormitorio de inmediato.
Después de hablar de límites, de deseos extraños y de marcas que ninguno de los dos parecía dispuesto a lamentar del todo, Vera quedó un rato apoyada contra Mauro en el sofá. Ya no había urgencia. Tampoco esa necesidad feroz de provocarse para comprobar quién cedía primero. Solo un cansancio tibio, desordenado, con la respiración de ambos mezclándose en la penumbra de la sala.
Mauro le acariciaba la espalda con una le