Capítulo 33 —Lo que no se cuenta
Tomás tenía una colección entera de dibujos.
Los había puesto sobre la mesa pequeña del aula con la concentración solemne de quien enseñaba documentos importantes. Vera estaba sentada frente a él, en una silla demasiado baja para una adulta, con las rodillas casi tocando el borde de la mesa y una sensación extraña de estar metida en un mundo que no le correspondía y, aun así, no quería romper.
El aula olía a lápices de colores, papel, jabón barato y galletas. En