Capítulo 31 —La noche sin tocarse
La cena fue más silenciosa de lo que Vera esperaba.
Mauro encontró comida en la nevera, como había prometido, aunque el resultado no se pareció en nada a la tragedia doméstica que ella había imaginado. Había pastas frescas, una salsa preparada en un recipiente de vidrio, pan, queso, frutas cortadas y una botella de vino que Mauro abrió con una naturalidad casi ofensiva.
—Para alguien que vive solo, comes bastante bien —dijo Vera, sentada en la isla de la cocina.