Capítulo 30 — Un paréntesis
Mauro no apartó la mirada de Vera.
—Entonces dimga cómo quiere empezar, señora Greco.
La frase quedó suspendida en la sala como una puerta abierta. Jorge esperaba, los hombres también. Todos parecían listos para moverse, perseguir nombres, cerrar rutas, rodear a Arturo hasta que no le quedara aire. La casa entera parecía inclinarse hacia esa decisión, hacia la guerra, hacia la respuesta inmediata.
Vera, en cambio, sintió de golpe el peso del viaje, la llamada de su pa