—Liebling... por favor no te vayas así ¡Es la mitad de la noche! Por favor quédate, si quieres yo me voy…— me decía él mientras caminaba detrás de mí. ¿Qué cuernos le importa?
Yo lo sabía, yo lo sabía... de alguna forma dentro de mí lo sabía. Éramos muy diferentes, yo no estaba su altura, era un medio para un fin. Ya lo sabía, siempre lo supe. Pero me dejé engañar. Creí en las historias felices, en los romances de películas como de los que me reía con Mara.
El chico lindo, pero difícil, la c