—¿No piensas irte?—escupió con desagrado Hades, cruzando los brazos sobre su amplio pecho, mientras miraba con cara mala al hombre a varios metros de él.
—No, como te dije hace media hora, voy a esperar a que Lyra salga—dijo en respuesta Rhaegal, mientras tomaba asiento en un sillón de concreto que estaba cerca de un pequeño ligustro bien podado.
El rostro de Hades se tenso, mientras buscaba cualquier posible excusa o motivo para sacar a patadas a Rhaegal. Ambos habían llegado hasta la torre de