—¿Asustarte?—dijo el asesino antes de ahogar una risa ciertamente perversa.
El vello del cuerpo de Lyra se crispó, mientras su corazón se aceleraba y con cierta dificultad retrocedía un paso, sintiendo como cada uno de los músculos de su cuerpo se tensaba producto de la adrenalina que empezaba a recorrer sus venas.
Aquel hombre, vestido de negro igual que una sombra, pudo leer cada una de estas sensaciones plasmadas en el cuerpo de Lyra, mientras avanzaba un paso hacia ella, jugando con la daga