La sangre ardía en llamas en las venas de Lyra, con rabia y cólera, sintiéndose cansada de callar, agachar la cabeza y aceptar las mierdas que vociferaban las personas con poder a su alrededor.
Para su suerte, ese brutal impulso de adrenalina que colmaba su torrente sanguíneo igual que una droga, no aligeró su efecto cuando toda la corte se volvió hacia ella, con miradas de asombro, admiración y respeto.
—¿Cómo me llamaste?—siseo Hades, avanzando un paso hacia ella.
Solo eso se atrevió a avanza