Juan Andrés, junto con Paula y Cris, regresaron a casa. En la ciudad habían paseado, almorzado, y hasta tomado helado.
El niño cansado llegó dormido. Juan Andrés lo cargó en sus brazos, mientras Paula acomodaba la cama, enseguida lo recostaron, le quitaron los zapatos, estaba tan profundo que no sintió nada.
—Duerme como una piedra —bromeó Andrés.
—Estaba muy cansado, hoy —comentó Paula, besó la frente del niño, y salió de la alcoba.
—Debemos realizar los trámites para que yo lo reconozc