Juliana y Joaquín Jr. se miraron entre ellos, con los ojos bien abiertos.
—El abuelo ya no se enoja, ni se desmaya —dijeron sorprendidos, entonces se aproximaron a saludarlo.
—Buenos días, abuelo. —Lo abrazaron.
Joaquín rodó los ojos, resopló.
—Solo por hoy haré una excepción y podrán llamarme así, pero desde mañana sigo siendo papá Joaquín. ¿Quedó claro?
Malú y Abel no pudieron evitar carcajear al escucharlo.
—¿Y a mí no piensas saludarme? —reclamó María Paz a Cris.
El pequeño sonrió mos