Luciana llegó con el semblante lleno de palidez a la oficina, pedirle dinero a Juan Miguel, no era una opción para ella, pero no tenía otra alternativa, no podía hablar, no era tan sencillo como la gente pensaba, no cuando la persona que la estaba extorsionando era un asesino a sueldo, capaz de cometer los peores crímenes.
—Te recuerdo que, en unos días, yo dejo el cargo, y tú no has aprendido nada —refutó Isabel—, ser la querida del jefe no es suficiente. —La miró con desdén—, aunque aquí com