—Ay, no puede ser —Elizabeth escuchó a Bastian quejarse—. A mí se me hace que esto es un secuestro. ¡Qué nervios!
Les habían cubierto la cabeza y tenían sus manos atadas en la espalda.
Apenas entraron les indicaron que se tiraran en el suelo de la furgoneta y Elizabeth obedeció antes de ser golpeada por no seguir las indicaciones.
Elizabeth se mantuvo en silencio mientras los trasladaban, no iba a propiciar ningún enfrentamiento que provocara que le hicieran daño al bebé.
A pesar de la situac