Elizabeth bajó las escaleras del avión y se acercó a Alexander y a Roger para que dejaran de discutir.
—Déjalo, Alexander, hablaré con él —le pidió intentando fingir seguridad.
—¿Segura? Si quieres me quedo cerca —preguntó Alexander preocupado.
—¡Claro que está segura! ¿O acaso piensas que le voy a hacer daño a mi esposa? Lo que me faltaba —gritó Roger y Alexander se encogió de hombros.
—Deja de tergiversar mis intenciones porque lo único que quiero es enterarme de la conversación —admitió en v