Había llegado el día de la fiesta, finalmente haría mi debut en el centro de la mafia italiana y los nervios me comían viva. Ese día, me esforcé para prepararme lo mejor que pude, pase la mañana practicando mi acento y la tarde en salones de belleza para arreglarme. Estaba muy cansada mentalmente y el evento ni siquiera había empezado.
Se escuchó un timbre constante. Caminé por toda la suite desesperada, buscando el pequeño teléfono que sonaba, por fin Roberto me estaba llamando.
— Hola precios