La puerta de la habitación se abrió, entró una mujer del servicio abriendo las ventanas, por lo que la luz del sol me cegó.
Abrí los ojos con dificultad y a un lado de mi cama vi a Mauro de pie, con una enorme bolsa en la mano que lanzó sobre la cama.
— Levanté, tienes que prepararte para tu boda. — Anunció con socarronería para luego retirarse.
La mujer que seguía en la habitación, me animó para levantarme, ella me iba a ayudar a prepararme.
Habían pasado dos semanas, las cuales fueron una