Una semana después...
Oliver con seriedad como siempre, estaba terminando de arreglar su corbata y traje perfectamente planchado e impecable.
Se acercó a la cama, y le dio un beso en la frente a la dormida Liliana. Esta frunció levemente el ceño e hizo un puchero.
Él sonrió hermosamente, pero al ver otra mano envolver a Liliana, su expresión se volvió fría y la sonrisa se desvaneció en un instante.
Se irguió y acomodó bruscamente por última vez su corbata y salió. Héctor sonrió y se aferró a