Al regresar a la habitación, como esperaba, Liliana ya estaba dormida. Su hermoso rostro se veía tan tranquilo y suave. Que estuvo a nada de tocar su mejilla.
Pero justo cuando estaba por retirarse, su voz somnolienta se escuchó.
—Solo acuéstate a dormir.
Y se giró para dormir más cómodamente. Él sonrió y se recostó junto a ella, pero teniendo extremo cuidado de no molestarla.
Pese a parecer un tronco justo en la orilla de la cama, sonreía como un tonto.
Al día siguiente, abrió los ojos y se d