Para cuando Liliana despertó, la casa era un desastre.
—¡Por dios! ¡Alguien deténgalos!
Ella aturdida miro a su alrededor estaba completamente desnuda y el cuerpo de dolía terriblemente, pero no había absolutamente nadie. Los gritos de los trabajadores la inquietaron aún más.
Cuando estaba buscando que ponerse, el estruendoso ruido de algo rompiéndose afuera la hizo salir de inmediato.
Al salir, uno de los internos de Armando casi se tropezaba con ella. Estaba por seguir corriendo, cuando se dio