En un instante, y, como por arte de magia, la presión de las feromonas de Liliana desapareció y la presencia de otras se combinaron armoniosamente con las de ella.
Aunque la esencia permanecía en el aire, era muy leve y hasta acogedora, poco a poco el ambiente sofocante, se fue volviendo ligero y satisfactorio. Como la esencia materna que da tranquilidad a su bebé.
Para los externos, fue un alivio inconmensurable y, que despertaba cierto instinto de apego y afecto. El dominio de un rey y el apr