—¿En dónde está?
Preguntó Bárbara con una voz y mirada amenazante, en cuanto Héctor entró.
Armando en silencio desvió la mirada hacia él. Este simplemente se quejó pero no respondió.
Su rostro estaba completamente golpeado un día antes, sin embargo, en ese momento solo quedaban moretones y heridas ya bastante cicatrizadas.
—¡Te estoy hablando! ¡¿Cómo puede ser posible que hayas dejado que se llevaran a tu esposa en tus narices?!
¡Responde!
—Ese ya no era asunto mío…
¡Crash!
Las cosas de la mesa