Después de haber dejado a Irene en su casa, Enzo condujo en silencio hasta la suya; sin embargo, a medio camino se desvió deteniéndose en una tienda, de esas que están abiertas las 24 horas al día.
Todo era una completa locura. Sobre todo el hecho que no lograba sacarse a la psicóloga de la cabeza, aquello era malo, muy malo, para él.
Posterior a comprar unas cervezas, retomo el camino; agradeció al llegar que no parecía haber nadie, por lo que subió las escaleras directamente a su estudio, p