Los portales de noticias de la web tenían a Florencia sonriendo de oreja a oreja, qué buena mañana estaba teniendo.
Bebió otro sorbo de café y siguió leyendo. No eran muy descriptivos respecto a las lesiones que habían sufrido los internos durante la riña con tintes de motín, salvo que había uno con la espalda rota, de iniciales F. S. que estaría condenado por el resto de su vida a andar en una silla de ruedas. Y si el día seguía siendo bueno, a usar pañales también.
Hizo una llamada.
—Hola, T