Florencia terminó de peinar a Alessa y la llevó en su silla hasta la sala. Como habían sido sus planes desde el inicio, se mudaron a la casa del abuelo en el pueblo y allí su hermana se recuperaba lentamente, pero nunca tanto como para perder la esperanza. Ya mantenía la cabeza erguida.
—Luka llegará pronto.
Luka iba a buscar a Alessa cada dos días. Luego una vez por semana y ahora, después de algunos meses, ya casi no iba. No podía culparlo. Era un hombre joven, con toda una vida por delante.