Todas las historias de amor tienen un villano y la de Luka y Alessa no era la excepción. A veces había sido ella, con su adicción, a veces él, con su obsesión. Filippo había sido el peor, con creces y, cuando pensaban que ya no quedaba ninguno, el siguiente villano llamó a la puerta.
—Vamos, sólo un poco más —la animó Luka, parado al final de las barras en las que se sostenia Alessa para caminar.
Eran apenas tres metros los que debía andar, pero para alguien que llevaba poco más de un año sin c