El teléfono suena estruendosamente en la oficina, despertándome de mi corta siesta que tomé, respondo rápidamente y levanto la cabeza del escritorio. Abro los ojos de golpe cuando escucho la voz del director, quien me pide que vaya a su oficina y me felicita por el nuevo proyecto que me espera, agradezco muy confundida, no sé de qué me habla. Apresurada, busco mensajes en mi correo y efectivamente, me felicitan por ganar esta campaña e iniciar el nuevo proyecto con la mejor de las suertes.