—Es un gusto, señorita... —dice aquello y besa mi mano, pero al ver el anillo en mi dedo, se muestra un poco sorprendido.
—Para mí también. —Sonrío un poco incómoda.
—Bueno, ya acabé mis labores, hasta mañana Fernsby, recuerda cerrar la oficina con llave.
—Hasta mañana, señor y señora... —Asiente y entra a la oficina, quizá debe dejar todo organizado antes de salir.
Suspiro agotada y tomo la mano de mi padre, nos encaminamos hasta una pequeña sala de estar y esperamos hasta que —por fin— nos tr