En algún momento me hallo siguiéndole el beso, con la duda carcomiendo desde adentro. Me armo de valor y lo alejo de mi boca, muevo el rostro hacia el otro lado y respiro profundo antes de decir:
—Por favor, no empeores más las cosas. Ya nada es como antes, ni lo será de nuevo.
Veo cómo empuña las manos y niega con la cabeza, mostrándose frustrado.
—Muy bien, discúlpame, yo... creí que podría remediarlo.
Niego con la cabeza y lo miro a los ojos.
—No, así no funciona, en la vida no puedes inter