Unas semanas después, todo estaba listo para la boda de Miranda.
La casa estaba llena de flores, risas y una energía renovada que se reflejaba en el rostro sereno de la novia. Acompañada de su hijo,
Miranda había ido a recoger su vestido de novia. En el auto, mientras sostenía con cuidado el paquete que contenía la prenda, decidió romper el silencio que había llenado el espacio entre ambos.
—Hijo, ¿de verdad no te molesta que vuelva a casarme? —preguntó con un deje de duda en su voz, como si bus