Capítulo: Yo salto, tú saltas.
Dylan reaccionó con rapidez, aprovechando el vaivén repentino del yate al virar. Con una patada bien dirigida, hizo que el capitán perdiera el equilibrio y cayera al suelo. En un movimiento calculado, Dylan le arrebató el arma, su respiración agitada mientras lo apuntaba con decisión.
—¡¿Quién te envió a hacer esto?! —rugió, su voz llena de furia.
El hombre temblaba, apenas capaz de sostener la mirada. El terror lo obligó a hablar.
—¡Alejandro…! ¡Fue Alejandro! —gritó desesperado.
El nombre no s