Cuando Marella abrió los ojos, una cálida sensación la envolvió. Allí estaba él, su esposo, durmiendo plácidamente a su lado. Observó la calma en su rostro y, por un instante, deseó que cada despertar en su vida fuera así, tan lleno de paz. Pero una pregunta rondó en su mente, una que siempre volvía en los momentos de quietud: ¿Por qué no lo conocí antes? ¿Por qué no pude amarlo desde el principio y evitarme tanto dolor?
Sin embargo, había aprendido a confiar en los designios de la vida.
Creía q