Dylan y el médico lograron convencer a Máximo de que debía descansar. Su nivel de glucosa estaba peligrosamente elevado, y el doctor, con un tono grave, sugirió que internarlo sería lo mejor. Explicó los riesgos con detalle, mencionando incluso la posibilidad de una coma diabético. Las palabras golpearon a Dylan como un mazazo. Aunque solía afirmar que Máximo no le importaba, un nudo de angustia se formó en su pecho al imaginarlo tan frágil.
Esa sensación lo llevó a tomar el teléfono, reuniendo