Cuando llegaron a casa, Dylan se detuvo, apagó el motor del auto y salió rápidamente. Se acercó a la puerta del lado de Marella, abriéndola con un gesto cortés y extendiendo la mano para ayudarla a bajar. Sus miradas se encontraron por un instante, y Marella sintió que sus mejillas ardían al recordar el beso que compartieron. Fue un momento fugaz, pero cargado de emociones.
—Mañana debes venir al ensayo en la empresa Romi —dijo Dylan, su voz firme y decidida—. No debes faltar; serás la modelo es