—¡Todos piensan que han muerto! —exclamó Agustín, su rostro reflejaba el horror de la noticia.
Marella y Dylan intercambiaron miradas, sus expresiones cargadas de asombro y desconcierto. La posibilidad de que los dieran por muertos no había cruzado por sus mentes.
—¡Debemos avisarles! —insistió Marella con urgencia, poniéndose de pie de inmediato.
Pero Dylan levantó una mano, deteniéndola. Una idea comenzaba a formarse en su mente.
—Espera... —dijo, sus ojos mostrando una mezcla de cálculo y p