Franco irrumpió en la habitación con pasos firmes, su expresión era severa.
Bernardo se estremeció al verlo entrar, sabiendo que esta vez no tendría escapatoria.
—¡Contesta, Bernardo! —gritó Franco, su voz cargada de furia—. ¿Es cierto lo que dice Darrel?
Bernardo tragó saliva, sintiendo cómo el miedo se apoderaba de él. Esta vez no se sentía tan valiente como cuando enfrentaba a Alma.
—Franco… ¡Es mentira! —respondió, intentando sonar convincente, pero su tono lo traicionó—. Yo solo amo a Alma.