En el hospital, Salvador despertó y vio a Alma de pie junto a su cama.
—¿Quién eres? —preguntó con desconfianza.
—Soy alguien que solo quiere ayudar —respondió Alma, con una serenidad que desconcertó a Salvador.
—Nadie hace nada gratis, ¿Qué quieres de mí?
Antes de que pudiera responder, tres hombres irrumpieron en la habitación con documentos en la mano.
—Señor Ochoa, sabemos de su situación. Firme estos papeles y entregue la custodia de su hermana a sus parientes. Deje de hacerla sufrir.
Salva