Claudia salió del hospital cabizbaja, el peso de su derrota reflejado en sus ojos vidriosos. Suzy respiró hondo, como si el aire fresco pudiera disipar los restos del enfrentamiento. Sin embargo, una chispa de compasión titiló en su pecho al pensar en el bebé de Claudia.
—Pobre criatura... No tiene culpa de los errores de su madre —murmuró Suzy, más para sí misma que para los demás.
Marella la abrazó con calidez, pero en sus pensamientos no podía evitar sentirse implacable. Había visto la crueld