Una sonrisa radiante apareció en el rostro de Alma, pero pronto se desvaneció al darse cuenta de lo que acababa de decir en voz alta.
Un leve rubor cubrió sus mejillas al ver la sonrisa del médico, como si el mundo se hubiera detenido por un instante en la consulta.
—¡Sí, estoy embarazada! —, exclamó sin poder contener la emoción.
Su corazón latía desbocado, pero de repente, una ola de vergüenza la invadió, y enseguida se quedó en silencio, apenada por la efusividad de su reacción.
La felicidad