La familia estaba reunida en el cálido salón principal.
A pesar de los intentos por mantener la calma, la tensión se sentía en el aire. Los murmullos eran apagados y las miradas inquietas.
Entonces, la puerta se abrió, y Alma y Salvador entraron juntos, tomados de la mano.
Ambos tenían una sonrisa radiante y un brillo especial en los ojos que desbordaba felicidad.
—¡Nuestro bebé está completamente sano! —exclamó Alma con voz llena de emoción, mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas.
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