—¡¿Qué sucede aquí?! —exclamó el abuelo al ver la confrontación entre sus nietos.
—¡Él fue quien me provocó! —respondió Eduardo, señalando a Dylan.
Dylan esbozó una sonrisa irónica.
—Como siempre, Eduardo, solo sabes culpar a los demás. ¿Por qué no dices que me acusas de ser amante de Marella? Ridículo. ¿Querías tener a dos mujeres a tu disposición? No me sorprende, heredaste el gen de la infidelidad de tu padre.
—¡Dylan, por favor! —intervino el abuelo, tratando de calmar la situación.
Dylan le