—¿Me ayudarás, Dylan? —preguntó Franco, con la voz rota, buscando desesperadamente el apoyo de su amigo.
Dylan asintió sin dudar, su mirada firme reflejaba el inquebrantable lazo que los unía. —Sabes que siempre estaré aquí, Franco. Vamos, ven conmigo, pasarás la noche en mi casa.
Franco asintió, derrotado, y siguió a Dylan en silencio.
***
Cuando Marella llegó a casa, encontró a su padre abrazando a Ilena, su madrastra. El resentimiento que había estado conteniendo se apoderó de ella. Era momen