Dylan miró a Marella, sus ojos oscuros, llenos de un conflicto interno que intentaba ocultar bajo una máscara de serenidad.
—Por favor, mi amor, espera un momento afuera. Déjame hablar con mi abuelo a solas.
Marella lo miró con sorpresa y luego asintió, aunque el peso de la incertidumbre parecía aumentar con cada paso que daba hacia la salida.
Al cruzar la puerta, sintió que se internaba en un silencio abrumador; el corredor estaba desierto, como si todo en esa mansión aguardara el resultado de