Mora sintió un escalofrío recorrerle la espalda cuando la voz de Tina resonó como un eco afilado en el aire.
—¡Darrel! —exclamó Tina, acercándose con pasos decididos. Su tono estaba cargado de una furia contenida, pero letal.
Darrel dio un paso hacia ella, separándose de Mora con una torpeza que traicionaba su intento de control.
—Tina, no es lo que parece… —balbuceó, señalando a Mora como si quisiera sacudirse de toda culpa—. Ella… ella me besó.
El corazón de Mora se hundió. Su mirada se clavó