Dominic levantó la vista lentamente y sonrió.
No era una sonrisa alegre. Tampoco era de alivio. Era una expresión cargada de algo más oscuro, algo que parecía contener rabia, cansancio y resignación al mismo tiempo.
La mujer frente a él no esperó respuesta. Intentó abofetearlo nuevamente con fuerza, pero esta vez Dominic reaccionó. Su mano se cerró alrededor de su muñeca en el aire, deteniéndola con firmeza.
La mujer lo miró sorprendida, como si no esperara resistencia.
—¡Ya basta! —exclamó él,