Lilith estaba sentada en la comisaría, con la espalda rígida y las manos entrelazadas sobre su regazo, intentando mantener la calma que su mente ya no podía sostener.
El aire del lugar era denso, cargado de humedad y de una sensación opresiva que parecía adherirse a la piel. No era solo el entorno… era la incertidumbre.
Miró hacia la puerta una vez más.
Seguía esperando.
Esperando que alguien la llamara, que le permitieran hacer la llamada que, en teoría, era su derecho. Tenía claro a quién mar