—Responda, Alexander —insistió el doctor con un tono firme, pero sereno—. Su esposa tiene dudas, y tiene todo el derecho de aclararlas. Además, esta pregunta es fundamental para el avance de la terapia.
Dominic sintió cómo esas palabras le atravesaban el pecho. Durante unos segundos, el mundo pareció detenerse a su alrededor. Su mirada, que hasta entonces había evitado la de Lilith, finalmente se posó en ella.
Y ahí estaba.
Lilith.
Tan cerca… y, al mismo tiempo, tan distante.
Su rostro era delic