Eliseo y Dominic corrían con todas sus fuerzas por los pasillos consumidos por el fuego.
El humo negro cubría casi todo el edificio, dificultando la visión y haciendo que respirar fuera una tortura. El calor era insoportable. Las paredes parecían arder, y el sonido de las explosiones lejanas hacía que todo pareciera una pesadilla.
Cada segundo ahí dentro podía ser el último.
Dominic sostenía el brazo herido mientras avanzaba junto a Eliseo, pero no disminuía la velocidad. Sus pulmones quemaban y