Cuando vi las calles perderse por la velocidad del vehículo de Vinicius, no me sentí triste, tampoco vino a mi mente ningún recuerdo de felicidad. Mi vida fue un borrón que dejaría atrás, formaría nuevas amistades, crearía momentos memorables, lograría mis metas. Estaba preparada para un cambio. Es más, lo añoraba.
Media hora después, estaba frente a la entrada de la terminal de autobuses. A nada de abandonar la ciudad.
Pero, por alguna razón, el corazón me latía con prisa. El pecho me dolía