Todo estaba oscuro, tan quieto y tan relajante. Pero había algo… Una sensación caliente, incómoda, que quemaba mis párpados.
Esperen… ¿Calor? ¿Incómodo? ¿Quemar?
Abrí los ojos de golpe y la luz anaranjada me cegó. ¡Era el sol! ¡Me estaba dando en todo el rostro!
Grité, escapando de la luz que para muchos era necesaria, pero para mí dañina. He escapado del sol desde que tenía uso de razón, siempre evitándolo, siempre escondiéndome, siempre protegiéndome. Y ahora estaba aquí, atacándome sorpr