El rostro de Marcos estaba irreconocible. Era más sangre que piel. Por unos segundos, creí que estaba inconsciente, pero solo era el resultado de casi sacarle el ojo a golpes.
Mis nudillos estaban cubiertos de sangre y magullados. Era doloroso, pero esa clase de dolor satisfactorio que me gustaba experimentar.
Nunca había tenido la necesidad de ejercer violencia contra las personas para dejar en claro mi molestia. Mis represalias siempre han sido psicológicas y financieras. Eso ha sido sufi