Unas pantis. ¡Solo tenía unas pantis!
Estaba tan desnuda como Eva cuando vino al mundo, solo cubierta en aquella zona íntima que ningún hombre había llegado a ver. Las mejillas me ardieron mientras mis manos, repentinamente sudorosas, buscaba frenética la blusa que había colocado sobre la cama.
Una vez que tomé la tela, la puse sobre mis pechos desnudos, mirando boquiabierta al depredador que tenía enfrente. Esos ojos grises no se apartaron de los míos y creí que me desmayaría en ese mismo